Celebración de la fiesta Patronal en honor a la Virgen de la Asunción y Toreo de la Vincha
Casabindo, es el pueblo hispánico más antiguo de Argentina. Está en el norte de nuestro antiplano Andino, en la Puna, a unos 3400 metros sm de altura. Es un pueblo chiquito y árido, de apenas 7 cuadras de largo y 3 cuadras de ancho, rodeado de montañas. Lo que más impacta al llegar es su iglesia: es un templo enorme para el tamaño del pueblo. El edificio actual es de 1722 y se conserva casi idéntico a sus orígenes.
Llegamos un día antes de la festividad principal, el 14 de agosto, para aclimatarnos a la altura, acomodarnos y asegurar un buen lugar para ver la llegada de las procesiones al día siguiente. El día estaba soleado pero fresco, y la primera impresión fue extraña: el pueblo parecía completamente desierto, vacío. Para colmo, cuando fuimos a buscar la casa donde alquilaban habitaciones, estaba cerrada. El sol se empezaba a ocultar y la temperatura comenzó a bajar de golpe. Por suerte, un vecino del lugar nos vio y, con muchísima amabilidad, nos ofreció refugio en su galpón donde frecuentemente guardaba las llamas. Al principio nos sorprendió, pero con el frío intenso que hacía y sin otra opción a la vista, decidimos aceptar y agradecer su hospitalidad y pasar la noche allí.
A la mañana siguiente, el panorama cambió por completo. El pueblo, que el día anterior parecía fantasma, se llenó de una vida y una energía increíble. Empezaron a llegar peregrinos de todas las comunidades vecinas que habían recorrido kilómetros a pie cargando a sus santos para reunirse en la enorme iglesia de la Virgen de la Asunción. Nos enteramos de que cada año, para este 15 de agosto, llegan entre 5000 y 10000 visitantes —entre gente de pueblos vecinos, turistas nacionales y extranjeros—, lo que transforma totalmente la dinámica de este rincón del mapa. Participan las iglesias de los pueblos vecinos, pero la procesión central se realiza llevando la imagen de la Santísima Virgen de la Asunción por la plaza central frente a la iglesia.
El baile de los samilantes es una danza que rinde devoción a la virgen. Los danzantes se cubren la espalda y los sombreros con plumas de ñandú de la Puma. Bailan a ritmo de erkes, Siku y cajas. Agachan el cuerpo como respeto y adoración. Llevan medio cordero tomado de sus patas, como sacrificio y tributo de su mejor producción. Es un rito agrícola de agradecimiento y petición de fertilidad, lluvia y protección para el ganado de la región. Al finalizar el toreo, la carne se reparte en la comunidad,
El broche de oro de la fiesta fue el famoso “Toreo de la Vincha”, la única manifestación taurina que existe en Argentina. Es una tradición completamente respetuosa: aquí no se sacrifica ni se daña a los toros. El desafío de los participantes consiste en meterse a la arena y, con mucha destreza, quitarle al animal una “vincha roja” (una cinta de tela con monedas de plata) que lleva entre los cuernos. Quien logra quitársela, se la ofrenda con devoción a la Virgen. Fue una experiencia increíble y única.