Sudán del Sur – Abril de 2019
Cuando llegamos a Juba, la capital de Sudán del Sur, pasamos la primera noche en un hotel y al día siguiente debíamos tomar una avioneta para llegar al pueblo de Kapoeta desde donde nos dirigiríamos a la zona de los Toposa. Teníamos acordado tener un encuentro con los ancianos de la aldea, para conocer los usos y costumbres de esa gente. Partimos mi esposo (Jorge) y yo, desde Kapoeta en una camioneta 4×4, con un chofer, un cocinero, el intérprete y nuestro amigo antropólogo (Joan Riera). Luego de viajar unas horas llegamos a la aldea, paramos en una explanada cerca de un pozo de agua. Para nuestra sorpresa nos estaban esperando más de 400 personas. La emoción fue enorme. Al bajar de la camioneta, un grupo de mujeres me abrazan (literal) y me llevan al centro de la reunión cantando y bailando. Ni pensar en tomar fotografías, había que disfrutar el momento. La ceremonia incluía canciones y bailes de las mujeres, representación de la guerra de los hombres y luego cuando todo se iba calmando, en una ceremonia asombrosa, nos asignaron nombres Toposa. A Jorge lo bautizaron con el nombre “Lomoni (bush man)” y a mí como Lokale (love). Fue una experiencia increíble, sentía estar en una película, no había imaginado la posibilidad de vincularnos con gente como los Toposa, con una cosmovisión tan diferente a la nuestra.
Estuvimos en la aldea 4 días, de contacto intenso con su cultura, visitamos aldeas vecinas, recorrimos a pie la zona de montes espinosos y pequeños valles áridos. Estaban pasando un período de sequía muy intenso que los afectaba especialmente, por la falta de cultivos y dificultad para alimentar a sus animales.
En un momento de descanso, bajo un árbol que daba una pequeña sombra, me reúno con un grupo de mujeres que estaban pintándose la cara con ceniza. Me ofrecen pintarme con carbón del mismo modo que lo hacían entre ellas. Una de ellas pasa su dedo por mi frente y me lo muestra pintado de blanco. Era mi protector solar, ¿cómo se lo explico? Entonces fui a buscar mis cremas, me puse en la frente y luego les puse a ellas en la cara, quedando asombradas y con la piel brillante (hermosas). Me ofrecieron que levantara al BB de una de ellas, un BB de 5 meses aproximadamente, gordito, redondito, muy tranquilo, la mamá estaba orgullosa, yo estaba feliz. Tuvimos un momento de comunión entre las mujeres, entendíamos lo que compartíamos aunque para eso no mediaran palabras.