Mundari

Nilo Blanco

Sudán del Sur, campamento Mundari

En un tronco ahuecado a modo de piragua atravesamos uno de los brazos del Nilo Blanco.  Río caudaloso, con varios brazos en esta zona, deja entre ellos islas fértiles ocupadas por una comunidad que vive en armonía compartiendo todo, sus utensilios, sus mantas, sus

instrumentos y colaborando en las rutinas diarias, como hace miles de años. Es territorio de los “Mundari”, pastores nómadas del Nilo.

Por la mañana poco a poco las vacas, son liberadas y lentamente se dirigen a la zona de pastoreo dentro de la isla. Los niños son los encargados de juntar el estiércol y prender hogueras. Los jóvenes nacen y crecen entre el ganado y se alimentan de su sangre y leche, se asean con su orina. Por esas horas, se los ve abrigados, tapados por mantas, cubiertos de ceniza, acicalándose.

Al atardecer, cientos de vacas Ankole, regresan al campamento después de pastar, llamadas por el sonar de tambores. Van entrando al entorno de niebla, polvo y humo producido por la quema de las hogueras de estiércol. Cada una tiene su lugar, atadas a una pequeña estaca, se agrupan alrededor del fuego y son masajeadas meticulosamente con cenizas, incluso sus grandes cornamentas, a modo de protección contra los insectos, en una ceremonia de total intimidad con el animal. Son vacas sagradas intermediarias de sus Dioses y de ellas dependen su sustento, su posición social, su dote para formar una familia. 

Estamos en Sudan del Sur, el país más joven del mundo que ha sufrido una guerra interminable a partir de 1956 y desde que lograron independizarse de Sudan (2011), lo que suponía sería un proceso de paz, han entrado en guerra civil y las rivalidades tribales continúan siendo profundas. La política parece mantener esta situación y la gente muere y emigra de uno de los países más pobres e inestables. Según datos de Naciones Unidas, más de dos millones de personas han sido desplazadas y otros tantos han muerto.

En ese entorno, experimentamos realidades desconocidas, no difundidas, escondidas, somos testigos de la supervivencia de una cultura milenaria, pero absolutamente amenazada a su transformación o desaparición. Los Mundari viven entre el Nilo Blanco y la llanura de Tali, practican una economía de ganadería, pesca y agricultura (sorgo, mijo, maíz …) gracias a la fertilización de los campos en las márgenes del rio.

Son la tribu más resistente al cambio, de los grupos nilóticos cercanos a Juba.  

Presento here imágenes de este pueblo orgulloso y mayormente pacífico. Nos permitieron compartir su vida cotidiana, nos impregnamos de su humo y de su hospitalidad.