Visicitudes de la llegada a Camerún
Parte 1:Caos en el aeropuerto de Yaundé
Llegamos a Camerún aproximadamente a las 5 de la tarde en un vuelo desde Johannesburgo. Aunque es el aeropuerto principal de Yaundé, resultó ser bastante pequeño. Hicimos los trámites de aduana, tomamos las valijas y caminamos por un pasillo largo hasta la salida. Ahí nos topamos con una valla de contención llena de gente que esperaba pasajeros y nos ofrecía insistentemente alojamiento y taxis.
Mi marido Jorge y yo buscábamos con la mirada a Alejandro, nuestro guía catalán especialista en Camerún, pero no estaba por ningún lado. Decidí buscar mis papeles para intentar llamarlo por teléfono y en ese preciso instante me di cuenta de que había dejado todas las referencias de viaje y el contacto de Alejandro en casa, al lado de la computadora en mi escritorio.
Me desesperé y, claro, le contagié esa desesperación a Jorge. Sin embargo, pensé en una solución: buscar internet en el aeropuerto para acceder a la documentación. Lo dejé a Jorge esperando y fui a buscar una cabina siguiendo las indicaciones que me dieron. Mientras caminaba por el hall, la gente detrás de la valla seguía ofreciéndonos de todo. Doblé a la izquierda y encontré la oficina, pero la respuesta fue desalentadora, no tenían internet y ya estaban cerrando. De hecho, empezaron a apagar las luces del aeropuerto en ese momento.
Volví corriendo a donde estaba Jorge. Para ese entonces ya habían pasado más de 40 minutos dando vueltas, y más de una hora desde que salimos de la aduana. La situación era realmente caótica. La única opción que nos quedaba era ir a un hotel que tuviera internet y, al día siguiente, ver cómo contactábamos al guía o si nos organizábamos por nuestra cuenta de forma independiente o con otra agencia. Vimos un cartel que decía “Hotel Hyatt” y hacia allá fuimos.
Parte 2: El reencuentro y el cambio de suerte
Cuando llegamos, descubrimos que de Hyatt no tenía nada; era un hotel muy básico y, para colmo, tampoco tenían conexión a internet en ese momento. Nos instalamos en la habitación y bajé de inmediato a la recepción buscando una solución.
Mientras hablaba con el muchacho del mostrador, él me señaló hacia atrás y me dijo que alguien me buscaba. Me di la vuelta y, para mi sorpresa, era Alejandro. En ese instante sentí una mezcla de emociones muy contradictorias, pero admito que prevaleció la felicidad de haber encontrado a nuestro contacto en Camerún.
Le pregunté cómo había sabido que estábamos ahí. Me contó que en el aeropuerto los muchachos le habían dicho: “Los blanquitos se fueron al Hyatt”. Alejandro se disculpó como pudo, metiendo excusas sobre el tránsito, accidentes, un desvío y un puente roto por una tormenta. La verdad es que nada de lo que me dijera me iba a conformar del todo, porque él tenía que haber estado ahí por lo menos una hora antes de nuestra llegada. Aun así, calmamos los ánimos, nos abrazamos y nos pusimos contentos de encontrarnos. Por suerte todo se estaba acomodando.
Parte 3: Un inicio inesperado y festivo
Como necesitábamos cambiar dinero local, Alejandro nos dijo él iría a buscar a alguien para hacer el cambio. Al rato volvió acompañado de un señor inmenso, de dos metros de alto, vestido con una túnica y un gorrito blanco, que cargaba una bolsa en la mano. El hombre entró a la habitación y volcó sobre la cama una cantidad impresionante de billetes que la cubrió por completo… ¡y todo eso por solo 200 dólares!
Para cambiarnos el ánimo después del mal rato del inicio, Alejandro nos propuso ir a un festival en una plaza muy cerca del hotel. Necesitábamos distraernos, así que aceptamos y fuimos. Resultó ser un festival en homenaje a Miriam Makeba. Lo increíble fue que los músicos de toda la banda habían viajado con nosotros en el mismo avión, y también estaban los parientes de Miriam.
Fue una verdadera fiesta. Primero se presentó Dovette Signorée; no la conocíamos, pero nos pareció maravillosa. Cantamos y bailamos con ella. Jorge decía que era la “Madonna negra” por lo hermosa que era, su tremenda energía y sus canciones bellísimas. Así, y a pesar del susto del principio, fue como empezamos nuestra aventura en Camerún.