De Bobo a Ouagadougou

Vicisitudes en Burkina Faso

En Burquina Faso nos esperaba una experiencia fuera del circuito turístico

Habíamos visitado la Gran Mesquita de Bobo – Dioulasso construida en  1880-1890  con adobe, al estilo tradicional sudanés.  Veníamos de Malí y nos dirigíamos a Ouagadougou, capital del país.   Viajábamos con nuestro guía Oumar en una camioneta 4×4 y justamente nos llamaba mucho la atención los pequeños buses que cruzábamos en la ruta, cargados adentro y sobre el techo, hasta donde no da la imaginación, soportando mucho peso, a veces torcidos a la derecha o a la izquierda efecto del desequilibrio de los enormes paquetes, animales y pasajeros a bordo.    En un momento sentimos un golpeteo en el motor de nuestra camioneta y dejó de tener tracción.   Nuestro chofer se baja a mirar el motor y nos mira serio moviendo la cabeza para ambos lados. Se había roto “algo” que iba a impedir que continuáramos en el viaje.   Que hacemos?! Estábamos en la ruta lejos de la ciudad de Dioulasso y lo que nos quedaba por delante eran unos 300 km hasta la capital de Burkina Faso.  

Para esto era el medio día y la única posibilidad era que alguien nos remolcara al pueblo más próximo.   Vemos a lo lejos que viene una combi cargada como las que habíamos estado observando y Oumar le hace señas para que pare y le consulta al chofer si nos podía remolcar.  El chofer dijo que sí!!!  Ataron un cable a un soporte de la combi  y a la camioneta  e increíblemente comenzaron a remolcarnos.  El cable se cortó todas las veces que pasamos lomos de burro, pero la combi paraba cada vez para volver a atar.

Pensábamos que la gente que iba en la combi nos iba a linchar cuando llegáramos al pueblo, pero no, se bajaron, nos saludaron y se fueron.

Evidentemente nuestro chofer conocía la zona y consiguió rápidamente un mecánico, mientras que Oumar averiguaba cuando pasaba un micro que llegara a Ouagadougou. Providencialmente el único micro a la capital llegaría a las 4 de la tarde y lo único que podíamos hacer era esperarlo.  Juntamos nuestras valijas y demás bultos y esperamos.

En el micro no había lugar, algunas personas se movieron hacia atrás y nos dieron un lugarcito. Allí comienza nuestra segunda aventura.

El micro paraba en cada uno de los pueblos, donde todos debíamos bajar, hacíamos una fila y éramos controlados por el ejército. Miraban nuestros pasaportes y la documentación de cada uno de los pasajeros, volvíamos a subir y continuaba el viaje.  Para esto ya se había hecho de noche, llevábamos más de 4 horas en un ritmo lento en la ruta. Yo tenía necesidad de parar por un toilete, cosa que no estaba disponible.  Le pedí a Oumar que le dijera al chofer del micro que luego de pasar el próximo pueblo parara en algún lugar despoblado con el fin de usar algún pastizal de toilette. ¡Y así fue, juro que yo entendí que el chofer dijo… todos abajo a hacer pipí! y todos bajamos.  Éramos más de 40 personas y en una noche de luna llena. Pasado el momento, seguimos el viaje y llegamos  a nuestro hotel en Ouagadougou.

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